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Balenciaga

Modisto (1895 - 1972)

" El maestro de todos nosotros (Dior) "

Inicio de ruta: Iglesia Saint Pierre de Chaillot

Fin de ruta: Museo de las Artes decorativas (Arts décoratifs)

Número de lugares: 16

Distancia total: 2,490 km

Autor de la ruta: Nacho Ormaechea

Grafista y Director artístico, reside en París desde 2001. Cursó estudios en Bilbao, Nueva York y París. Interesado en la creación y crítica de catálogos de moda, ha perseguido desde hace años los itinerarios y la obra de Balenciaga.

Inicio de Ruta
Vídeo de la ruta Vídeo del especialista
Paseo por el París de Balenciaga El rey de la alta costura

Pamela Golbin, conservadora del museo de Artes Decorativas de París

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En París

En el misterio Balenciaga, París es, al mismo tiempo, incógnita y solución de la ecuación. Un misterio a base de sobriedad, exigencia, elegancia y de un cierto misticismo, una idea de la discreción y del hermetismo que acaparaban todos los aspectos de su vida personal y profesional.

Un hombre espiritualmente perteneciente a un tiempo perdido, como el de Proust y que el historiador francés Daniel Halévy identificaría como el del fin de los notables.
Un costurero exiliado de la Belle Époque que cerrara su taller en 1968, ¿una coincidencia?

Maestro de aguja y dedal, completamente ajeno al incipiente pret-à-porter, Balenciaga fue el modisto y cómplice de la alta burguesía cuya sociología sería completamente convulsionada en la segunda mitad del siglo XX.

Con él viajamos desde su puerto pesquero natal, anclado entre las montañas y el Cantábrico, al palpitante París de los años veinte, agitado por las Vanguardias, que le adoptará y sobre el que reinará durante cuatro décadas.

París es, hasta el crack del 29, el epicentro mundial de la moda. La alta costura es una industria floreciente que cuenta con más de medio millón de trabajadores en una capital en la que proliferan los talleres y gobiernan modistos como Lanvin, Schiaparelli y Vionnet, octogenaria creadora de le técnica del bies que tanto le fascinaba y una de sus principales amigas y fuentes de inspiración.

A partir de 1912 el joven modisto visita regularmente París buscando la inspiración y el estudio de los modelos que adaptará y ofrecerá en sus boutiques españolas. Boutiques que se harán definitivamente francesas con el estallido de la Guerra Civil y el traslado y la creación de la sociedad Balenciaga en París en 1937.

Una ciudad y una dirección, el 10 de la avenida George V en pleno corazón de esta isla urbana que los parisinos llaman el Triangle d'or y en la que actualmente todos los grandes de la moda están presentes.

En el tercer y cuarto piso se repartían los grandes salones, el estudio y los talleres de costura. Todas las mañanas acudía desde su apartamento en el 28 de la avenida Marceau a este taller/monasterio con su propia Regla, extremadamente jerarquizado, que daba trabajo a cientos de personas y que llegaría a ser la casa de costura parisina con el mayor número de empleados y los mejor remunerados.

A su amigo Joan Miró: tienes suerte porque para crear una obra de arte te basta contigo mismo. Yo necesito quinientas personas...

En la década de los cuarenta y los cincuenta Coco Chanel desde su mítica sede de la rue Cambon y Christian Dior, desde la vecina Avenue Montaigne, pondrán en jaque la supremacía de Balenciaga. Tres revolucionarios con enfoques vitales y creativos prácticamente opuestos. Los primeros mundanos y exuberantes y el segundo espiritual, buscador de atemporalidad, rigor y pureza de formas. Una doble paradoja, entre la alta sociedad con sus fiestas y ceremoniales y una forma de reclusión; entre la frivolidad de un mundo superficial y un hombre recio que encontraba en él su transcendencia.

La alta costura es una gran orquesta que solo Balenciaga sabe dirigir, todos los demás creadores simplemente seguimos sus indicaciones

Christian Dior

Balenciaga vive en esta sociedad de opulencia cuyos nombres ilustres son Pauline de Rothschild, Gloria Guiness, Bettina Ballard, Carmel Snow, la Marquesa de Llanzol... pero se mueve en ella con su habitual prudencia y discreción. A principios de los años cincuenta el misterio que le rodeaba era tal que en París corre el rumor de que no existe.

Un hombre profundamente religioso (todas las mañanas acudía puntualmente a la misa de Saint Pierre de Chaillot), de temperamento intransigente y secreto. Su París también lo es, lo cual no facilita el estudio de su topografía.

El París de Balenciaga está muy lejos del de la Bohemia, del existencialismo y los Grandes Bulevares. Sociología y geografía se confunden en los barrios de la capital, la orilla izquierda, los muy aristocráticos y burgueses distritos VII y VIII.

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