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Balenciaga

Modisto (1895 - 1972)

" El maestro de todos nosotros (Dior) "

Inicio de ruta: Iglesia Saint Pierre de Chaillot

Fin de ruta: Museo de las Artes decorativas (Arts décoratifs)

Número de lugares: 16

Distancia total: 2,490 km

Autor de la ruta: Nacho Ormaechea

Grafista y Director artístico, reside en París desde 2001. Cursó estudios en Bilbao, Nueva York y París. Interesado en la creación y crítica de catálogos de moda, ha perseguido desde hace años los itinerarios y la obra de Balenciaga.

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Vídeo de la ruta Vídeo del especialista
Paseo por el París de Balenciaga El rey de la alta costura

Pamela Golbin, conservadora del museo de Artes Decorativas de París

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A mediados del siglo pasado la industria vestimentaria francesa empleaba a cerca de medio millón de personas. En el resto del mundo existía también una industria floreciente pero tomaba sus referentes y se alimentaba de los productos parisinos. En ese momento un creador español logró hacerse rápidamente un hueco gracias a una trayectoria ya extensa en España avalada por una clientela aristócrata e internacional.

Cuando vemos todos los documentos en blanco y negro con el maestro y sus aprendices ataviados con blusas blancas sentimos nostalgia de un tiempo pasado, no necesariamente mejor, pero sí lleno de un glamour y una solemnidad que hoy se nos antojan casi ingenuos.

La figura del modisto con su alfiletero ha evolucionado para dar paso a un nuevo concepto, el del estilista global o creador/empresario que debe ser capaz de controlar hasta el más mínimo detalle de la imagen de una marca y aunar visión creativa y comercial en cada una de sus decisiones.

Hoy lo que importa son los resultados, cuanto más rápidos y evidentes mejor. Los grandes grupos económicos han tomado las riendas de la mayor parte de las casas de costura no solo parisinas sino mundiales y el marketing y la estrategia empresarial han suplantado a los cuadernos de bocetos. Los primeros pasos de una colección son los gráficos de los objetivos empresariales y luego ya vendrán los tejidos que vestirán estos objetivos. Si el creador empleado no alcanza los resultados impuestos a corto plazo pronto será remplazado por otro comercial que lo hará en su lugar.

Es difícil imaginar a Cristóbal Balenciaga en reuniones de empresa estableciendo estrategias comerciales e igual de difícil se nos hace imaginar un creador actual capaz de pasar horas delante de un modelo perfeccionando la caída de una manga o desmontando completamente un traje poco antes el desfile porque no es lo suficentemente perfecto.

En la moda actual todo es apariencia, lo principal es ante todo ser llamativo y seducir. Algunos de sus contemporáneos también buscaban captar la atención del público de la alta costura a base de golpes de efecto pero Balenciaga fue un revolucionario que supo imponer su doctrina discretamente. Buscaba la esencia de una prenda, sin adornos ni artificios, cada botón, cada pliegue tenia su razón de ser, fruto de un proceso de síntesis que producía piezas arquitectónicas y arquetipos de siluetas innovadoras. Si la mujer debía permanecer de pie para llevar sus creaciones así tenía que ser. Balenciaga perseguía la creación pura a través de un proceso minucioso y sin ningún tipo de concesiones. Mantuvo toda su vida una filosofía basada en la austeridad, el rigor y el respeto de sus convicciones como los marineros de su Getaria natal.

Cuesta encontrar hoy en día ejemplos de creadores que inspiren tanta admiración y respeto. Durante tres décadas estuvo en lo más alto y fue considerado un verdadero maestro para el resto de los creadores que alababan la seriedad y coherencia de su trayectoria profesional, la dedicación, el tesón y la búsqueda de la perfección absoluta en cada colección. Una estética bien definida que no necesitaba romper cada temporada con lo anterior sino una evolución mesurada. La afirmación de un estilo.

Hoy nos cuesta comprender como una revolución técnica y estilística como la que llevó a cabo en sus volúmenes, colores y tejidos puede hacerse desde la discreción y, sobre todo, como la llevó a cabo como un lema durante sus tres décadas de creación. Siempre hablamos de un hombre reservado que no se prodigaba en actos públicos y esto contrasta con la mediatizacion de los creadores actuales obligados a convertirse en imagen y casi un producto de consumo más dentro del catálogo de la casa. Hay que vender y multiplicar el número de apariciones porque cuantas más referencias en prensa o entradas en Google nos remitan a una firma mejor. Hoy en día la figura del creador vende tanto como sus productos.

Cristóbal Balenciaga navegó en su vida y en su trabajo con rumbo fijo y sin escalas. Cuando vio los primeros acantilados, el paso del tiempo y que el viento cambiaba de direccción prefirió hundirse con su navío como buen capitán.

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