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Pío Baroja

Escritor (1872-1956)

" Vivir en París para mi era darme cuenta de lo que podía ser un español ante el mundo europeo "

Inicio de ruta: Antigua Editorial Garnier

Fin de ruta: Antiguo hotel Flatters

Número de lugares: 14

Distancia total: 2,098 km

Autor de la ruta: José Manuel Pérez Carrera

Profesor de literatura y crítico especializado en novela española e hispanoamericana del siglo XX. Con sus alumnos del Liceo "Honoré de Balzac" de París, obtuvo un premio por "Tras la huellas de Pío Baroja por el París romántico".

Rutas

BAROJA Y PARÍS

Tras el País Vasco y Madrid, París es la tercera referencia geográfica y literaria más significativa en la vida y la obra del escritor Pío Baroja (1872-1956).

En efecto, no menos de veinte veces a lo largo de su vida visitó Baroja la capital francesa y casi otras tantas de sus novelas están ambientadas total o parcialmente en esa ciudad.
Su primer viaje data de 1899, cuando Baroja apenas iniciaba su carrera literaria. Se trataba, según cuenta el propio Baroja, de un viaje de exploración:

Yo tuve siempre la idea de que al español curioso en la mocedad le convenía ir a Madrid. Si no, al joven que estudiaba en la universidad de provincia le quedaban el carácter y los gustos provincianos toda la vida.

Después, hacia los veinticuatro o veinticinco años, me pareció bien el ir a París. Es o era la ciudad cosmopolita más grande y más fácil de visitar para un español. Uno de los objetos principales de la visita y de la estancia allá era para mí darme cuenta de lo que podía ser un español ante el mundo europeo.

A partir de entonces, París será una ciudad que visitará con frecuencia, unas veces para buscar motivos y temas literarios, otras veces para promocionar su obra literaria y sus traducciones y las más de ellas para vagabundear por sus calles (especialmente el Barrio Latino), y huronear en los puestos de libros y revistas de las márgenes del Sena .

Con el estallido de la guerra civil, París se convertirá para Baroja (como será también el caso de otros escritores e intelectuales como Azorín, Pérez de Ayala, Marañón o Menéndez Pidal) en un refugio casi permanente. En el Colegio de España de la Ciudad Universitaria residirá casi cuatro años, entre 1936 y 1940, apenas interrumpidos por una breve estancia en España en 1937, estancia que le servirá, entre otras cosas, para jurar adhesión en Salamanca al naciente régimen franquista.

En las novelas ambientadas Baroja muestra un conocimiento muy preciso de la configuración urbana de la ciudad, de su historia y de sus monumentos. En sus Memorias afirma con naturalidad: "Creo que conozco París mejor que muchos franceses", y eso se comprueba fácilmente leyendo cualquiera de sus novelas parisinas en las que se aprecia una minuciosa precisión en las descripciones y hasta en la evolución de barrios, calles, edificios y lugares de ocio y reunión.

Pero no se trata sólo de un conocimiento externo, topográfico, de París: Baroja intenta conocer el modo de vida francés, descubrir las claves de su proyección universal:

Casi desde que comencé a escribir he solido ir a París a pasar largas temporadas. No para conocer la ciudad, que, viéndola una vez, basta, ni para visitar a los escritores franceses, que, en general, se consideran tan por encima de nosotros, que no hay manera decorosa de abordarlos, sino para tener un punto de observación más ancho y más internacional que el nuestro".

Terminamos esta introducción señalando la curiosa dicotomía atracción-rechazo que todo lo francés le produce a nuestro autor. De un lado, abundan las afirmaciones categóricas sobre el interés que le despiertan la historia y la cultura francesas, sus literatos y su forma de vida. Proclama constantemente que su formación ha sido eminentemente francesa y, a continuación, arremete contra esa civilización que le parece autosuficiente, vacía y sin fuerza. Quizás el vacío intelectual en el que se movió Baroja en la sociedad francesa contribuyó a la exarcerbación de ese negativismo. Pero, posiblemente sea sólo el escepticismo casi general de Baroja lo que le hace emitir juicios como los que transcribo a continuación y que hacen referencia a esta relación de amor-odio de Baroja con Francia:

Yo, siendo un gran admirador de Francia, siempre he sospechado que los franceses tienen un fondo de incomprensión para todo lo extranjero. Creo que esta incomprensión les perjudica y les sigue perjudicando. Un país de la importancia de Francia debía estar ojo avizor para todo cuanto ocurriera y se pensara en el mundo; pero Francia ha tenido la inclinación un poco faquirista de dormir mirándose el ombligo. Entonces yo me irritaba frecuentemente un poco contra el avestrucismo de París".

"A mí muchos me han atribuido la condición de ser galófobo. No creo que sea cierto. Yo no soy galófobo, sino todo lo contrario. Lo que creo es que no basta que una obra literaria, científica o artística, salga de París para que sea una gran cosa. Yo creo que la medida debe ser para todos igual. Yo no he tenido esa tendencia a la papanatería de muchos escritores españoles, italianos, americanos, para creer que un escritor o un artista, por vivir en París, sea una maravilla. El número de tontos en París es infinito, como en todas partes. Hay que ser un cándido para creer otra cosa".

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