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Carlos Fuentes

Escritor (1928-2012)

" París, la esencia luminosa de la Isla de Francia "

Inicio de ruta: Ayuntamiento de París

Fin de ruta: Embajada de México

Número de lugares: 20

Distancia total: 5,707 km

Autor de la ruta: Florence Olivier

Traductora y Profesora en Literatura Comparada. Mexicanista, residió y enseñó en México durante años. Es autora, entre otros libros, del ensayo Carlos Fuentes ou l'imagination de l'autre, publicado en español por la Universidad Veracruzana.

Rutas

Las dos orillas parisinas de Carlos Fuentes

Por Florence Olivier

Con Carlos Fuentes París pasea por su propia historia mientras la recorre el escritor. Vivió la ciudad y la escribió, la leyó en la obra de Balzac y la soñó antes de conocerla a los veintiún años.

Si Carlos Fuentes tuviera que escoger entre las dos orillas del Sena, sin duda la izquierda sería la predilecta: durante su primera estancia vivió por la calle de Babylone y caminó de noche por Saint-Germain des Prés entre la irreverente bullanga de los cabarets adonde Juliette Greco duplicaba la noche con su voz y su atuendo existencialista, donde Albert Camus demostraba ser un gran bailarín de boggie y donde Luis Buñuel regresaba al triunfo de Los olvidados en Cannes.

Visionario, el escritor convierte más tarde la Place St-Germain en escenario de los redivivos recuerdos revolucionarios de Francia para el imaginario 14 de julio del 1999 que abre el relato de Terra Nostra. Y es que en la primavera del 68 y en el vecino Barrio Latino, entre la Sorbona y el Boulevard Saint-Michel, Carlos Fuentes presenció, si no una revolución, sí la revuelta estudiantil y, entusiasta cronista, compartió con la juventud parisina el anhelo de la imaginación al poder, la esperanza del cambio de las costumbres políticas, cívicas, amorosas. Amigo de Julio Cortázar, con cuya geografía parisina se cruza entonces la suya, contempla un cartel político y poético de los dos Julios, Cortázar y Silva, en el arco entre la rue de Seine y el Quai de Conti.

Para Carlos Fuentes sin vida no hay literatura y sin literatura no hay vida: el inicio de Terra Nostra se superpone al inicio de Rayuela para una memorable escena en el Pont des Arts. Pero no crucemos aún el río, volvamos sobre nuestros pasos. El Barrio Latino es paraíso de cinéfilos donde muchas esquinas ofrecen carteleras del más exótico y más cercano cine de arte y ensayo. En los años sesenta, apasionados y agudos críticos, Julio Cortázar y Carlos Fuentes comentan las películas que acaban de ver en el cine-estudio de las Ursulinas o en el Champo. Algunas fotos de la época muestran a un Carlos Fuentes cuyos lentes oscuros le dan cierto aire de actor de la Nouvelle Vague.

Y otros encantos de la orilla izquierda: la vida bulliciosa y los aromas de couscous de la rue de Bièvre, donde Carlos Fuentes siguió escribiendo Terra Nostra y donde nació su hijo en 1973. Allí tuvo como vecino a François Mitterrand, con quien a veces se vio esperando taxis bajo la lluvia en la Place Maubert. El alborozo de la toma de posesión del presidente Mitterrand en mayo de 1981, que cuenta el escritor desde las primeras filas de la muchedumbre reunida en la plaza del Panteón.

Ahora sí. Ahora crucemos el Sena. Otro es el París de la orilla derecha. Allí se sitúa la residencia del embajador de México. Desde el Pabellón de Gabriel, que alberga el exclusivo Automobile Club de France, Carlos Fuentes ve el espacio abierto de la Place de la Concorde mientras conversa de viajes y ciudades con Paul Morand. Pero la realidad palidece ante la ficción: en Una familia lejana, en los mismos salones del Automobile Club, un tal Fuentes alza la mirada para apreciar el súbito milagro de la luz vespertina en el cielo parisino mientras escucha el relato de un anciano aristócrata francés. La historia es un embrujo.

Nadie sale indemne, menos aún el lector. Se cruzan los tiempos de Francia, México, Venezuela, los vivos y los muertos, e incluso quienes pudieron vivir y, al no hacerlo en su época, son creados por seres tan ambiciosos como malignos. El Parque Monceau, sueño hecho jardín con sus fabriques o folies del Antiguo Régimen a punto de fenecer, suscita en la novela insólitos encuentros. Ahí termina nuestro paseo.

Mundo de los posibles, Una familia lejana nos propone sin embargo una caminata alterna y nocturna, de la orilla izquierda del Sena a la derecha, como si el novelista, adivino y travieso, hubiera previsto este y otros recorridos por París con escritores hispanoamericanos y, no faltaba más, también con franceses:

Cincelado por ese conflicto entre la virtuosa estación de los calendarios y la salvaje fortuna del mundo físico, el perfil de la ciudad adquiere el relieve de un tiempo encarnado; no sé quién es el ser que me acompaña, nonato o regresado de entre los muertos, pero sé que gracias a él sé que en este balcón se reclinó Musset para descansar de la palidez encerrada de la Princesa Belgiojoso y que por este pasaje húmedo corrieron los pies apesadumbrados de Gérard de Nerval, pero también que desde aquel puente, en el mismo instante en que Nerval escribía El Desdichado, se contemplaba ya en las aguas incesantes César Vallejo; en el Boulevard de La Tour-Maubourg oiré la voz de Pablo Neruda, en la rue de Longchamp la de Octavio Paz, cruzaré con mi espectro la passerelle Debilly sobre el Sena, las hojas secas se detendrán a medio aire sobre las estatuas del Parque Galliéra, la noche cálida reverberará encajonada en la avenue Montaigne y el otoño vencido buscará refugio en los sótanos de la rue Boissy d'Anglas; llegaremos adonde lo temía, a la Place de la Concorde, al cruce infinito de los caminos.

Lo habrás adivinado, caminante lector, el ser que acompaña a ese novelesco Fuentes, eres tú.

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