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César Vallejo

Escritor (1892 - 1938)

" Me moriré en París con aguacero "

Inicio de ruta: Café de la Paix

Fin de ruta: Cementerio de Montparnasse

Número de lugares: 17

Distancia total: 2,704 km

Autor de la ruta: Jorge Nájar

(Pucallpa, Perú, 1946) Poeta, traductor y narrador. Reside desde hace más de treinta años en París, donde ha ejercido la docencia y escrito varias obras, entre ellas "Vallejo y la célula non plus ultra", sobre el poeta peruano César Vallejo.

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Siguiendo los pasos de Vallejo La dura existencia de Vallejo en París

Jorge Nájar, escritor peruano

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En París

VALLEJO Y PARÍS

¿Qué hubiera sido de la vida y de la poesía de César Vallejo sin París? ¿Cómo le hubiera ido si no salía del Perú?

Tal vez esa ha sido la pregunta que muchos de sus lectores se han formulado desde el descubrimiento de su poesía escrita en París y sólo publicada después de su muerte. Recordemos que Vallejo llegó a París a los 31 años de edad, cuando ya había publicado dos de los pilares de su obra poética: Los heraldos negros (Lima, 1919), con el que logró la superación del modernismo, y Trilce (Lima, 1922), verdadera irrupción de la vanguardia en la lengua española. No era un poeta que venía a formarse.El mismo año de su partida también había dado a conocer dos momentos de su obra narrativa: el libro de relatos Escalas y la novela breve Fabla salvaje. No era todavía el periodista frívolo de los primeros años de su estancia francesa ni menos el militante antifascistas en el que se convertiría en los últimos años de su vida.

En 1923 llegaba a París un poeta hecho y derecho. Había salido de su país prácticamente aprovechando de una libertad condicional tras haber permanecido cerca de tres meses en una prisión de Trujillo por unos luctuosos sucesos ocurridos en su pueblo natal. Tal vez, de quedarse en el Perú, hubiese sido juzgado y condenado por el motín, incendio y muerte de dos policías y de un civil durante los sucesos de Santiago de Chuco, ocurridos el 1 de agosto de 1920. Tal vez, una vez liberado de toda culpa, hubiera terminado sus estudios de jurisprudencia y se hubiera convertido en un jurista notable o de no seguir ese camino quién sabe se hubiera orientado hacia la turbulenta vida del periodismo de los años veinte y treinta de su país. Tal vez hubiera ganado los mayores laureles de un poeta local bien bien establecido. Quien sabe se hubiera convertido en uno de los dirigentes de los partidos políticos de izquierda que surgieron en Lima por aquellos años.

En París se convirtió en un cronista de las modas y extravagancias urbanas para ir evolucionando poco a poco hacia la reflexión política. Persistió en sus búsquedas narrativas y se extravió en el anhelo de plasmar una obra dramática. En París vivió un tercio de su existencia -salvo los breves períodos de sus viajes a Moscú y sus estancias en España- hasta el día de su muerte el 15 de abril de 1938. En las tabernas y merenderos de esta ciudad vivió los años de su más turbia bohemia. Siguiendo el rumbo de los hoteles de la pobretería de aquellos años se puede reconstruir gran parte de su recorrido existencial en la ciudad soñada. En esta sociedad amada y sufrida, cuya autoridad policial consideró en diciembre de 1931 que Vallejo debía abandonar el territorio francés por razones de seguridad pública, contrajo matrimonio en 1934 después de haber regresado clandestinamente a la búsqueda y recuperación de Georgette Philippart, su "petite fille adorée". Aquí, en los hoteles de los barrios populares, en los merenderos más baratos, en los bares de su predilección escribió la parte más intensa y lúcida de su poesía, y sólo publicada por su esposa después de su fallecimiento.

Hacia los últimos días de su existencia plasmó un himno sacro: España, aparta de mi este caliz. Escrito y corregido en el contexto de la guerra civil española, en los merenderos de la rue de La Gaîté, según testimonios de su amigo René Mossison, en EAC asistimos a la irrupción del hombre, del otro, del prójimo y de la microhistoria para transportarla a una categoría universal. Y así "reventar el vientre hidrópico de las ideologías y el edificio aplastante de la macrohistoria", como sostuvo José Ángel Valente.

En París se hundió en la pobreza y su imprescindible escritura poética ganó la posteridad. Erguida ante nosotros por su vitalidad y por su misterio resuena en toda ella la voz de un mestizo cabal, nieto de curas gallegos y de mujeres nativas de la sierra del norte del Perú.

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