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Octavio Paz

Escritor (1914 - 1998)

" París: sólida sin pesadez, grande sin gigantismo, atada a la tierra pero con voluntad de vuelo "

Inicio de ruta: Primera Residencia en París

Fin de ruta: Casa de México (CIU)

Número de lugares: 25

Distancia total: 9,832 km

Autor de la ruta: Investigación Rutas Cervantes

 

Inicio de Ruta
Vídeo de la ruta Vídeo del especialista
Siguiendo los pasos de Paz El París del corazón (Alberto Ruy-Sánchez)

Alberto Ruy-Sánchez, escritor

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Rutas

**MANDALA PARISINO **

Calles que no se acaban nunca, calles caminadas como se lee un libro o se
recorre un cuerpo
Octavio Paz, 1930: Vistas fijas

"Viene caminando por el boulevard Saint Michel".
Así comienza Blanca Varela su estampa sobre Octavio Paz en el París de finales de la década del cuarenta. Él, por su parte, en el texto que dedica a la poeta peruana y que se ocupa de aquellos mismos años, recuerda:

Caminábamos mucho. Un muro nos detenía: sus manchas nos entregaban revelaciones más ricas que los cuadros de los museos.

Al barajar las escasas fotos de la época, descubrimos que varias retratan a Paz andando por la calle: ataja el aire invernal en la explanada de Trocadero para que el pintor Fernando de Syszlo encienda un cigarrillo; con José Bianco, conversa en el Pont de la Concorde; de saco cruzado, avanza por el Boulevard des Capucines al lado la entrañable Monique Fong, a quien solía acompañar a pie hasta la puerta de su casa en demoradas caminatas que fueron, para ella, una educación poética.

La marcha a dos fomenta el diálogo, el comercio de ideas y de impresiones: abona la amistad. La caminata solitaria permite la especulación filosófica, la escucha de las desbocadas voces de la propia conciencia. Si se es poeta, caminar es buscar la cadencia y medir el pie del verso, perseguir la rima esquiva: contar y cantar. Y dejarse deslumbrar, a cada paso, por la maravilla de estar vivo.

Poética de la marcha en Octavio Paz.
Vasto programa. Tema y título para un ensayo futuro. Un capítulo de éste se ocuparía sin duda de las calles de París y de sus adoquines de granito: Paz las recorrió infatigablemente, ya solo, ya acompañado, durante su primera residencia (1945-1951). El ensayista se detendría sin duda a examinar un tópico literario: la influencia de la flanêrie baudeleriana puesta al día, revigorizada, trastocada, por los surrealistas. Citaría in extenso _aunque presuradamente "Peatón", de _Días hábiles:

Iba entre el gentío
Por el bulevar Sebastó,
Pensando en sus cosas.
El rojo lo detuvo.
Miró hacia arriba:
sobre
las grises azoteas, plateado
entre los pájaros pardos,
un pescado volaba.

Cambió el semáforo hacia el verde.
Se preguntó al cruzar la calle
En qué estaba pensando.

para enseguida abocarse a analizar con minucia e intentar una interpretación del incandescente Noche en claro: poema de deambulación nocturna en compañía de André Breton y Benjamín Péret, últimos guardianes del fuego sagrado del Surrealismo. Los tres poetas recorren, a la escucha de signos, una ciudad cargada de inminencias. Se dispersan luego en la noche. La ciudad de París se despliega, y ciudad y mujer amada se funden y confunden en una "Ciudad Mujer Presencia" cuyas palabras son de piedra pero cuya lengua es lluvia Mucho podría decirse. Pero una respuesta más aventurera sería salir a deambular.

El presente paseo señala puntos de una ruta, vértices del mandala que los pasos de Octavio Paz trazaron sobre los empedrados de París.

Están los puntos, faltan las frases. Como en aquellos dibujos que tuvimos de niños, hay que ir uniendo puntos numerados para ver aparecer el dibujo. Se trata, pues, de un simple pretexto, de una invitación a redescubrir París. A pie.

Alguna estrecha perspectiva que de pronto se resuelve en plaza; el reflejo en las vitrinas de un fugaz vuelo de pichones; la dorada luz oblicua que alarga en la acera la sombra de unas piernas (semillas de arce, tan art-nouveau, regadas por el suelo); el abrazo de una pareja bajo una arcada; revelaciones en las manchas pardas de un muro.

Echemos a andar de mano del poeta. En alguna esquina aguarda, siempre imprevista, siempre imprevisible, la Poesía.

Alain-Paul Mallard

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