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Julio Ramón Ribeyro

Escritor (1929,1994)

" Sólo puedo decir que París me pertenece "

Inicio de ruta: Galerie Mailletz

Fin de ruta: UNESCO

Número de lugares: 12

Distancia total: 3,329 km

Autor de la ruta: Paul Baudry

Paul Baudry es escritor, doctorando y profesor en la Universidad de la Sorbona. Su investigación doctoral está abocada a reconstruir el discurso normativo o la poética de Julio Ramón Ribeyro a través de sus ensayos, diarios, entrevistas y correspondencia.

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Galerie Mailletz

En 1992, en esta galería de arte, se realizó el mayor homenaje a Julio Ramón Ribeyro."Durante una semana, él fue el centro de un homenaje entusiasta a un escritor vivo como pocas veces se ha visto en París. (...) En Julio caló la idea de que era muy popular, de que tenía lectores devotos y casi fanáticos.

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Hoteles rue de la Harpe

En 1953 Ribeyro llega a París con la intención de hacer una tesis sobre Flaubert. Se aloja en dos hoteles, en el número 15 y en el 10 de la calle, y trabaja como conserje. "Es curioso que tenga yo ahora que ocuparme de cubos de basura, cuando estoy escribiendo precisamente "Los gallinazos sin plumas" (JR Ribeyro)

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Café le Petit Cluny

En este Café Ribeyro escribió su cuento más conocido "Los gallinazos sin plumas" a mediados de los años cincuenta. Frente a mí, en el café Le Petit Cluny, donde escribía, había un espejo. Me sorprendí haciendo muecas de cólera, de asco, de frío, según el curso de lo que escribía. Los mozos me miraban. (J R Ribeyro)

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Cruce Boulevard Saint-Michel y Boulevard Saint-Germain

El escritor recién llegado del Perú dio sus primeros pasos por la ciudad persiguiendo a un primer amor, la famosa C. A veces, al recorrer el bulevar Saint-Michel, me acuerdo de C. y me parece estar caminando sobre los pasos muertos de mi antigua primavera feliz (JR Ribeyro)

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Café Old Navy

Bar escondido que Ribeyro solía frecuentar en los años 1950 y 1960 porque estaba abierto hasta las tres de la mañana. "Ahora en el Old Navy estuve tomando una cerveza y antes de terminarla tuve que abandonar el local. Me era intolerable la visión de esa veintena de muchachos, entre los 18 y 25 años, llenando el tiempo con las conversaciones más anodinas. (J R Ribeyro)

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La Rotonde

Le gustaba sentarse en la terraza de cualquier bar parisino, con predilección por la avenida de Montparnasse, y pedir una botella de vino a la mesa -algo que ya casi nadie hace-, por lo general un Burdeos, un Saint-Emilion, para irlo tomando lentamente, mirando a la gente y mirando la lluvia.

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La Coupole

Tomarse un café en este célebre lugar es viajar por el tiempo pero, sobre todo, volver a ver la gabardina beige y el perfil aguileño del cuentista atravesando el umbral.

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Apartamento Place Falguiére

Ribeyro contemplaba y escribía sobre el mundo desde su balcón como si se tratara de un mirador privilegiado para disertar sobre la condición humana. Esta pequeña rotonda situada en el corazón del distrito 15, se convirtió en el escenario de sus reflexiones más irónicas y escépticas durante los años 1970.

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UNESCO

"A los cuarenta he llegado a una situación que nunca pude antes prever (...) No sólo Agregado cultural en la ciudad más codiciada del mundo, sino Delegado adjunto ante la Unesco (...) Mi cuento "La insignia" se realiza. Pues la verdad es que yo sé poquísimo de esta organización a cuyo círculo más hermético he penetrado (J R Ribeyro)

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Agencia de noticias France Presse (AFP)

Ribeyro trabajó en la agencia francesa de noticias, la Agence France-Presse, como traductor de cables y noticias junto a Mario Vargas Llosa.

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Cementerio Père-Lachaise

En este cementerio, en el que Ribeyro paseaba y se recogía, fue tomada una de las fotografías más emblemáticas del escritor en París, que lo muestra subiendo, sonriente y con las manos dentro de la gabardina, por una de las callejuelas que da al cementerio.

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Última casa de Ribeyro en París

En este lugar Ribeyro vivió sus últimos días antes de retornar definitivamente al Perú.

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La Anécdota

En la calle Gay Lussac me cruzo con el colombiano que viajó en mi camarote cuando regresé al Perú en 1958 a bordo del Marco Polo. Entonces fuimos amigos, vivíamos encerrados en un pequeño espacio, leíamos, fumábamos y bebíamos juntos. Ahora, seis años más tarde, nos cruzamos como dos desconocidos, sin ánimo de sobrepararnos para estrecharnos la mano. No es solamente la fragilidad de la amistad lo que me sorprende, sino la coincidencia de habernos cruzado en París, de haber estado otra vez los dos, aunque sea por unos segundos, ocupando un espacio reducido. El infinito encadenamiento de circunstancias favorables para que este encuentro se produzca. Desde que nos despedimos en Cartagena en 1958 hasta hace un momento en la calle Gay Lussac, todos los actos de su vida y los míos han tenido que estar dirigidos, regulados con una precisión inhumana para coincidir, él y yo, en la misma acera. Cualquier pequeña falla que hubiera ocurrido ayer o hace una semana o hace un año, hubiera impedido este encuentro. En la vida, en realidad, no hacemos más que cruzarnos con las personas. Con unas conversamos cinco minutos, con otras andamos una estación, con otras vivimos dos o tres años, con otras cohabitamos diez o veinte. Pero en el fondo no hacemos sino cruzarnos (el tiempo no interesa), cruzarnos y siempre por azar. Y separarnos siempre (RIBEYRO, Julio Ramón, Prosas apátridas completas [1975], Barcelona, Tusquets, Col. Marginales n°89, 1986, págs.. 52-53).

La Sugerencia

El autor de la Ruta Ribeyro, Paul Baudry, recomienda visitar el Petit Cluny, "el típico café del boulevard Saint-Michel que pasa desapercibido, pequeño, austero y hasta popular".

Sin embargo, fue en ese café ubicado en el corazón del barrio latino que Ribeyro escribió su cuento más conocido, "Los gallinazos sin plumas", a mediados de los años cincuenta.

Ribeyro relata en "La tentación del fracaso" como se miraba haciendo muecas en uno de los espejos del café próximo al cruce de los bulevares de Saint Germain y de Saint Michel.

El café, que tiene dos entradas, continúa abierto hoy en día y también permanece parte de la antigua decoración, incluidos los espejos.