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Julio Ramón Ribeyro

Escritor (1929,1994)

" Sólo puedo decir que París me pertenece "

Inicio de ruta: Galerie Mailletz

Fin de ruta: UNESCO

Número de lugares: 12

Distancia total: 3,329 km

Autor de la ruta: Paul Baudry

Paul Baudry es escritor, doctorando y profesor en la Universidad de la Sorbona. Su investigación doctoral está abocada a reconstruir el discurso normativo o la poética de Julio Ramón Ribeyro a través de sus ensayos, diarios, entrevistas y correspondencia.

En París

UNA PERTENENCIA VISCERAL

Es difícil imaginar a Ribeyro el portero de hotel, el elegante embajador, el escritor humeante fuera del recinto urbano y simbólico de París. La gabardina beige, el cuello de tortuga y el perfil aguileño que lo caracterizan en la mayoría de retratos, se confunden en el imaginario literario con las calles adoquinadas, la piedra ocre de sus edificios y el color verdoso del Sena. Y si escritor y ciudad se compenetran hasta tal punto que, a la vuelta de una esquina, algunos pretenden haberlo visto fumando en un alféizar, hojeando una novela de segunda mano o tomando una copa con otro muerto, es porque París hizo que Ribeyro descubra la literatura como entrega y maldición durante casi cuarenta años, hasta la última bocanada. No solo advino a su arte entre incontables primaveras e inviernos parisinos, tecleando en su máquina de escribir y luchando contra una úlcera, sino que, también, advino a los infortunios de la vida en una ciudad que fue progresivamente calando en su historia y personalidad hasta que hombre y urbe se convirtieron en las dos caras de una misma moneda. Por ejemplo, aquí conoció la soledad más artera, la miseria y el desencanto ante un París indiferente a sus ambiciones y a su pasado que lo desclasificó y convirtió en una suerte de proletario letrado: "(...) Mi experiencia europea me ha desarraigado y me ha dejado en la situación flotante del estudiante becado o pobre, sin ubicación social precisa. En París he alternado la época del señorito con la del obrero" . Sin embargo, este primer desencuentro durante su juventud y la consiguiente salida de París hacia finales de los años 1950 no fueron redhibitorios a la hora de regresar definitivamente a comienzos de los años 1960. La estadía se convirtió entonces en residencia y Ribeyro empezó a reconfigurar sus vivencias y recuerdos del Perú sobre París como tela de fondo a veces transparente, otras opaca, creando una suerte de hibridación espacial y afectiva que lo fue absorbiendo hasta interiorizar la mística de una ciudad ajena. ¿Qué duda cabe de que detrás de cada arranque de sano escepticismo, de cada pasión ensalzada hasta el despeñamiento, de cada ambición truncada por la mezquindad, está París? Hay pasiones que pertenecen al código genético de una ciudad y éstas están injertas en toda la piel textual de Ribeyro. Por eso, en 1975, cuando le preguntan por enésima vez si prefiere Lima o París, su respuesta es anatómica. Apropiarse de París había sido una empresa corpórea, visceral, y la dicha y la desdicha que lo acompañaron siempre le pertenecieron como esta ciudad-cuerpo donde asumió lo que los curas, los profesores y los escritores llaman vocación: "Cuando alguien se entera de que he vivido en París casi veinte años, me dice siempre que me debe gustar mucho esa ciudad. Y nunca sé qué responderle. No sé en realidad si me gusta París, como no sé si me gusta Lima. Lo único que sé es que tanto París como Lima están para mí más allá del gusto. No puedo juzgar a estas ciudades por sus monumentos, su clima, su gente, su ambiente, como sí puedo hacerlo con ciudades por las que he estado de paso y decir, por ejemplo, que Toledo me gustó y que Frankfurt no. Es que tanto París como Lima no son para mí objetos de contemplación, sino conquistas de mi experiencia. Están dentro de mí, como mis pulmones o mi páncreas, sobre los que no tengo la menor apreciación estética. Sólo puedo decir que me pertenecen" .

Paul Baudry

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