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Julio Ramón Ribeyro

Escritor (1929,1994)

" Sólo puedo decir que París me pertenece "

Inicio de ruta: Galerie Mailletz

Fin de ruta: UNESCO

Número de lugares: 12

Distancia total: 3,329 km

Autor de la ruta: Paul Baudry

Paul Baudry es escritor, doctorando y profesor en la Universidad de la Sorbona. Su investigación doctoral está abocada a reconstruir el discurso normativo o la poética de Julio Ramón Ribeyro a través de sus ensayos, diarios, entrevistas y correspondencia.

Rutas

LEER CON LOS PIES

La Ruta Ribeyro es un recorrido geográfico y personal que engarza con la mística urbana del escritor peruano Julio Ramón Ribeyro. La Ciudad Luz, por su importancia histórica y temática dentro de su obra, ofrece innumerables pretextos para perderse entre los vericuetos de la memoria y de las vivencias del taciturno cuentista, quien residió fuera del Perú durante casi cuarenta años. Desde su llegada a París a mediados de los años 1950 hasta su partida a Lima a inicios de los años 1990, Ribeyro fue tejiendo una mitología personal de la que fuera la ciudad literaria por excelencia desde el siglo XIX hasta la mitad del siglo XX. En efecto, las anécdotas y peripecias parisinas que Ribeyro va sembrando en sus diarios, cuentos, entrevistas y ensayos, sellan un pacto de intimidad entre el escritor miraflorino y la ciudad remodelada por el barón Haussmann, relación entrañable y tornasolada que hemos intentado respetar con el mejor homenaje: la exactitud. Tras haber frecuentado un selecto colegio en Lima y haber cursado estudios de Letras y Derecho en la Pontificia Universidad Católica del Perú, Ribeyro llega a un París inhóspito y tugurizado donde la efervescencia cultural de los años cincuenta (Sartre, Malraux, Robbe-Grillet) no logra compensar del todo su desazón. Becados, nostálgicos o pesimistas, los primeros años de Ribeyro en Francia forman parte de una historia de pesquisas y andanzas donde se intenta cimentar una nueva identidad en una ciudad nueva. Sin embargo, al otro extremo de la cronología ribeyriana, cuando se fragua su retorno definitivo al Perú, Ribeyro regresa con una cierta serenidad y un reconocimiento merecidos a cuestas. La Ruta Ribeyro es, de algún modo, la respuesta presencial para entender la distancia entre ese punto de partida y aquel punto de llegada. Al visitar los diferentes lugares señalados y comentados, el paseante ribeyriano podrá reconstruir la experiencia literaria y existencial del renombrado cuentista siguiendo sus tribulaciones personales y artísticas a lo largo de diez paradas especialmente seleccionadas. ¿Por qué no cabe duda de que apersonarse en cada lugar será rescatar la fugacidad de una vida abocada al pernicioso e incierto ejercicio de la literatura? Porque recorrer los hotelitos de la rue de la Harpe y del Barrio Latino, así como los bulevares Saint Michel y Saint Germain, es adentrarse en las duras vivencias de los primeros años, por ejemplo, recogiendo periódicos o vendiendo su propia biblioteca para comprar tabaco pero, también, la oportunidad de conocer el café Le Petit Cluny donde terminó de escribir su memorable cuento "Los gallinazos sin plumas". Porque descubrir las sedes de la UNESCO y de la AFP es imprescindible a la hora de imaginar los años burocráticos y tediosos que vivió como periodista y representante diplomático del Perú, escudriñando con ironía las costumbres de los hombres y maravillándose de haberse convertido en uno de sus propios personajes. Porque contemplar los dos pisos más famosos donde compaginó vida y escritura, los de la Place Falguière y del Parc Monceau, es llevar nuestra frecuentación de su obra hasta una deliciosa impudicia. Porque entrar a los cafés de La Rotonde y de la La Coupoule es empaparse de las tertulias entre Ribeyro y Vargas Llosa y Javier Héraud y Haya de la Torre y Bryce Echenique y Raúl de Verneuil, entre tantos otros, que aún resuenan entre sus paredes. Y, finalmente, porque entrar a la Galerie Mailletz es revivir el último homenaje en vida que se le hizo en París, rodeado por sus mejores amigos, aclamado por sus lectores impenitentes, y verlo sonreír, halagado pero escéptico, ante tanto barullo y aplauso. Pero lo más interesante, quizá, sea entender el ejercicio de la ruta como una lectura pedestre o, mejor dicho, con los pies, que perpetúe una paradoja más en la larga historia de peruanos parisinos.

Paul Baudry

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