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Mario Vargas Llosa

Escritor (1936)

" En los años que pasé en París me hice escritor "

Inicio de ruta: Notre Dame-Les bouquinistes

Fin de ruta: Librería Gallimard

Número de lugares: 18

Distancia total: 3,264 km

Autor de la ruta: Jorge Nájar

(Pucallpa, Perú, 1946) Poeta, traductor y narrador. Reside desde hace más de treinta años en París, donde ha ejercido la docencia y escrito varias obras, entre ellas "Vallejo y la célula non plus ultra", sobre el poeta peruano César Vallejo.

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De los "bouquinistes" a Gallimard Entrevista a Vargas Llosa

Mario Vargas Llosa

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En París

LA PERSPECTIVA MÍTICA DE PARÍS

En el discurso de recepción del título de Doctor Honoris Causa que le otorgó la Universidad de La Sorbona, el 10 de marzo del 2005, Mario Vargas Llosa no sólo rindió homenaje a la literatura francesa, también evocó su estancia parisina entre 1958 y 1966 y sus afinidades intelectuales -que primero se decantaban por el filósofo y padre del existencialismo Jean-Paul Sartre, y que después viraron hacia el escritor Albert Camus. En armonía con su manera de ser, en algún momento evocó a su abuela, gran lectora de las novelas de Victor Hugo. Afirmó que dicha anciana le había contado que "un tío liberal" suyo había abandonado a su familia peruana y que mucho después se supo que el desaparecido había muerto en París. "Lo más bonito del cuento era el final", afirmó Vargas Llosa. "¿Y a qué se escapó a París ese tío liberal, abuela?". "A qué iba a ser, hijo. ¡A corromperse!".

Junto a esta graciosa historia el narrador recordó que en París fue donde él mismo se convirtió en latinoamericano, fenómeno del que dan prueba por lo menos dos de sus grandes novelas. La guerra del fin del mundo y La fiesta del chivo. Pero Vargas Losa ha desarrollado en paralelo a su obra narrativa una afilada y minuciosa obra analítica poblada de alusiones, referencias y reflexiones entorno a la literatura, la política y la vida francesa. Tales son los casos de El pez en el agua (1993), La orgía perpetua: Flaubert y Madame Bovary (1975) y La tentación de lo imposible (2004).

En este último analiza la obra de Víctor Hugo y el monumental retrato novelesco de la sociedad francesa de principios del siglo XIX. Vargas Llosa rastrea en su ensayo los diferentes estratos de Los miserables (estructura, técnicas, personajes) a la búsqueda de los elementos añadidos por Víctor Hugo, el transcurrir pausado del tiempo, el carácter arquetípico de la mayoría de los personajes, el hecho de que casi ninguno tenga trabajo ni relaciones sexuales, y la recurrente denuncia de los errores del poder judicial y el sistema penitenciario.

Así la lectura y el análisis de Los miserables se convierte también en un argumento más para continuar su cruzada personal por la democracia y el liberalismo. En La orgía perpetua analiza una de las novelas que más han marcado su propia carrera como escritor. Su pesquisa tantea tres diferentes vías de aproximación al texto flaubertiano: en una primera parte, de tono autobiográfico, se retrata a sí mismo como lector enfervorizado y pasional.

La segunda parte es un análisis exhaustivo de Madame Bovary y lo que significa una obra en la que se combinan la rebeldía, la violencia, el melodrama y el sexo. En la tercera parte se rastrea la relación con la historia y el desarrollo del género más representativo de la literatura moderna: la novela. Pero ha sido sobre todo en El pez en el agua donde Vargas Llosa ha expuesto su particular relación con el mito de París, con la sociedad soñada, una actitud nada nueva entre los creadores iberoamericanos.

París en la vida y obra de este narrador, sostiene Mónica Quijano, es "lo otro", la "anti-Lima", el polo opuesto a la realidad peruana de los años cincuenta donde escribir significaba, según el mismo Vargas Llosa, "poco menos que la muerte civil, poco más que llevar la deprimente vida de paria. Estas observaciones llevan necesariamente a preguntarse: ¿qué hubiera sido de este escritor de haberse quedado a vivir en Lima? Puestos en este terreno cualquier intento de respuesta no es más que una simple suposición, ya que cuesta imaginar que una personalidad de su temple, con una vocación tan definida, se hubiera contentado con hacer de su vida una nadería deprimente. Lo cierto, lo evidente ahora es que esa idea subyacente de concebir París como el espacio propicio para el análisis creativo ha dado las pruebas señaladas anteriormente.

Para la creación de un universo de pasiones ha sido necesario esperar un poco más. Recordemos sin embargo que "si bien Vargas Llosa no eligió París como escenario de las novelas que lo llevaron a la fama, aquí, en esta ciudad, puso punto final a la novela de su propia vida, aquélla en la que el autor es el personaje principal."

París fue para muchos escritores de América Latina de los años sesenta un punto de fuga. Y para Vargas Llosa fue el hilo de escape que le permitió no solo tomar distancia para avocarse inicialmente al análisis y descripción de ese gran enfermo que resulta siendo el país que pinta en La casa verde, en Conversación en La Catedral, y en las otras novelas escenificadas en el Perú.

La espera para penetrar en el universo de las pasiones parisinas se prolongó hasta el 2006, año de la aparición de Travesuras de la niña mala. En esta novela se recrea la vida de un ser endiablado, de un personaje camaleónico, que ama y sufre y que pretende borrarse el pasado con sus belleza exótica entre las calles de París. Así como Rayuela es particularmente una ficción del llamado Barrio Latino, así también gran parte del París de la niña mala es sobre todo ese barrio y por extensión la llamada Rive gauche, cuando los bares, librerías, salas de jazz y pintura, rincones aledaños a los centros de estudios instalados en las faldas de la montaña de Santa Genoveva todavía tenía fronteras precisas.

El Barrio Latino, un espacio del mundo incrustado en la leyenda de las revoluciones. La piedra ceremonial en la que la juventud ilusa, los políticos, la bohemia latinoamericana celebraba sus ritos de iniciación a las grandes obras. Allí se confrontaban las diferentes propuestas estéticas de tantas generaciones. Allí convergían los amores nacidos en los afluentes de San Andrés de las Artes, el placer y las traiciones derramados a lo largo de San Severino subiendo hacia las cabeceras de la colina de Santa Genoveva para después bajar por la Contraescarpa, un gran embudo geográfico. Todo eso está pintado con minucioso detalle en las páginas de esta novela. En la entrelinea se recorre el espacio donde se instalaron las grandes escuelas en las que se forman todavía las élites.

Ese es el terreno de caza dentro del que se mueve el personaje escapado de la estrechez limeña para convertirse, gracias a la imaginación de Vargas Llosa, en una demi-monde de alto vuelo. Y el mito del París soñado por el adolescente Vargas Llosa, alimentado por la visión que tenía la abuela de esta sociedad, también tuvo mucho que ver en ello.

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